Mi propósito es desplegar argumentos en favor de las relaciones humanas más ricas en contactos y en comunidad de acciones. Los países debieran ocuparse de trabajar y desarrollar esta cualidad si su objetivo es la felicidad.Países que privilegien la calidad y número de relaciones humanas son mejores a un modelo que privilegie culturalmente el individualismo y la competencia.
En el cerebro hay más de 10 elevado a 10 neuronas, pero el número posible de combinaciones entre éstas son muy superiores, "astronómicas". El mundo de las relaciones no sólo es cualitativamente más interesante para una mejor sociedad, sino que cuantitativamente superior al número de elementos estructurales. Esto, por sí solo, justificaría poner más atención al mundo relacional que al mundo estático de la estructura y de los elementos.
Humberto Maturana dice “Cuando en un organismo se da un sistema nervioso tan rico y tan vasto como el del hombre, sus dominios de interacción permiten la generación de nuevos fenómenos al permitir nuevas dimensiones de acoplamiento estructural. En el hombre, esto, en último término, hace posible el lenguaje y la autoconciencia”[3]. ¡El lenguaje y la autoconciencia! Lo más impresionante que se observa en la naturaleza, el milagro más resplandeciente, sería producto de las relaciones de las interacciones que nuestro plástico sistema neuronal permite.
Dado que lo relacional es constitutivo del lenguaje y que la vida se expresa en infinitas relaciones posibles, hay que preguntarse sobre las condiciones necesarias para que nosotros como personas en particular y nuestras comunidades en general, fluyan según la vida y no sin la vida o contra ella. En otras palabras, debemos preguntarnos si nuestras actuales condiciones de vida y de cultura son "pro relacionales" o más bien "pro estructurales"[5].
En nuestra raíz europea patriarcal[6], se establecen las condiciones de dominio y jerarquía que no inhiben el desarrollo de un modelo de confianza y de total aceptación por el otro. De esta manera, nuestra cultura, que vive en la percepción de la inseguridad fundamental de la existencia, y procura la acumulación y el control de las circunstancias como método de salvaguardia ante esta amenaza, no fomenta el mundo relacional. En cambio, la cultura matrística habría creado las bases para la confianza en el otro y, por lo tanto, para las relaciones dinámicas y creativas.
Del mismo modo como las raíces de los árboles deben tocar la tierra para vivir y verdear el paisaje, la vida debe estar cerca de la vida para fluir. Si las raíces se apartaran de la tierra, si las neuronas no se tocaran no habría vida. Cuando los hombres se apartan a distancias que resultan críticas, la vida se paraliza irremediablemente y se cosifica. No se trata de hacer apología fanática de la comunión entre los hombres. La vida también requiere de la diferenciación y el desarrollo de las individualidades. La vida obviamente es autonomía. Lo importante es tener una mirada más equilibrada entre nuestros requerimientos de distancia y relación.
Nuestras sociedades, ciudades y trabajos, universidades y calles, se están llenando de espacios vacíos, intolerables para la buena vida, una vida verdaderamente humana. Cuando las calles se usan sólo para transitar del trabajo a la casa, y no para vivir con otros, estamos vaciándolas de sentido, y así, la vida comienza a desaparecer. Cuando las personas son utilizadas estratégicamente en nuestras carreras profesionales o estudiantiles, cuando diseñamos nuestro entorno de personas en forma selectiva e inteligente para el logro de nuestras metas individuales, cuando la vida se transforma poco a poco en una competencia por adquirir valor en las transacciones de mercado humano, cuando se habla de “mano de obra” o cuando se señala a los “trabajadores calificados”. Cuando, en definitiva, el otro no es una posibilidad “astronómica” sino un “ladrillo”, un elemento en el que me puedo apoyar (utilizar) para mi construcción. Entonces, la vida se seca y nunca lograremos intimidad, nunca tendremos el tiempo suficiente para los preámbulos. Cuando sólo tenemos tiempo para despachar rápidamente un asunto o una conversación. Entonces, no tendremos tiempo para la confianza. Ésta, supone velocidades más lentas, más tiempo para mirarse a los ojos y más tiempo para no hacer nada más que estar juntos. Ésta, supone más tiempo para jugar. La confianza supone más espacios de encuentro y más fines comunes en torno a los cuales juntarnos.
La confianza no se puede desarrollar de manera fácil, no es “light” ni “automática” ni “express” Requiere lentitud. Requiere cercanía.
La confianza, aquella emoción de las personas, que consiste en la percepción del otro como un mundo de posibilidades amistosas y no amenazantes, debe reconstituirse, debe reconstruirse entre los hombres.
Todos sabemos que la depresión en nuestras ciudades campea por todas partes y tenemos que “bajar el ritmo”. Pero es un hecho que nos cuesta infinidades hacerlo. ¿Por qué? Una explicación es que las fundamentaciones que respaldan estos deseos de buena crianza, no han sido comprendidos más que en su aspecto trivial y rutinario. El tono comunitario y de buena amistad tiene algo de estático, un tono, tal vez, un poco catequístico-pedagógico. Tampoco resulta útil el tono de "deber ser" que adquieren algunos discursos (incluyendo este) Una mejor presentación es una que utilice conceptos relacionados con el juego, la creatividad y el placer. No tenemos que estar con el otro, tan sólo porque es “bueno”. Con el “otro” existe más inteligencia en el mundo, con el otro se construyen ciudades, se construyen filosofías, se construyen tecnologías, se viaja a la luna, se ama, se escribe poesía, se juega, se emociona. Basta recordar la emoción experimentada por nosotros cuando jugamos con amigos, cuando nuestras familias se reúnen o cuando amamos a una persona. La experiencia del “estar juntos”, me atrevo a decir, genera emociones que no podremos descubrir de otra manera. El aburrimiento, se espanta cuando hay otros en el juego. El sopor de la rutina desaparece en el juego. [8]
El nivel de confianza en Chile, al igual que en otros países, es bajo en comparación con países desarrollados. Los grupos socioconómicos altos tienen más capital social, formal e informal [9]
Un estudio[10] compara los niveles de confianza entre nuestro país y los Estados Unidos. Ante la pregunta, ¿Se puede confiar en las personas?, un 14% Cdice que sí en Chile, en EEUU es un 42%. Cuando se pregunta, ¿Hay que tener cuidado con las personas?, un 86% dice que sí en Chile, versus un 54% EEUU.
En fin, Chile – probablemente también es el caso de otros países que se han visto enfrentados a cambios culturales radicales - con sus cambios sociales que apuntan más en la línea del individualismo y competencia entre las personas, está en una situación de precariedad social comunitaria que, con seguridad es uno de los factores más explicativos de nuestras enfermedades ansiosas (las farmacias lo saben bien, y por eso invierten harto )
En síntesis, si la evidencia científica y la experiencia sugieren que los fenómenos relacionales son la explicación más clave para entender la maravilla de la existencia y la superabundancia de formas de vida. Si, además, fueran correctas las teorías que explican al lenguaje y la autoconciencia de las personas en base a las astronómicas posibilidades relacionales de nuestros sistemas nerviosos. Si todo esto fuera cierto... ¿Qué están haciendo las políticas públicas para aumentar nuestro mundo relacional? ¿Cómo se están educando nuestros hijos en las escuelas? ¿Cómo están diseñándose nuestras ciudades? ¿Cómo es nuestro sistema de salud, de previsión? ¿Qué se está haciendo para profundizar la participación de las personas en el diseño e implementación de las políticas públicas? ¿Qué están haciendo nuestros comunicadores sociales, líderes de opinión, dirigentes políticos, profesores universitarios en sus respectivos oficios etc.?
En el famoso dilema del prisionero en el cual dos personas toman decisiones que desmejoran su situación, porque en el esquema de decisiones estratégicas son las mejores decisiones para cada uno, el problema es que, esas decisiones estratégicas están limitadas en la información del “otro”. Entre ambos prisioneros no existe la posibilidad de ponerse de acuerdo ni de profundizar la confianza. Si la confianza y el conocimiento del otro estuvieran presentes en las decisiones estratégicas, la colaboración les llevaría a la decisión correcta para ambos. La pregunta fundamental es, entonces, ¿qué hacen nuestras políticas públicas para romper nuestros propios dilemas de prisioneros? ¿Qué estamos haciendo todos nosotros?
Por todo lo dicho, resulta imperioso desarrollar en Chile, un trabajo sistemático, que considere todas estas ideas, para diseñar una sociedad mejor. Esta no es una tarea nostálgica ni ingenua, todo lo contrario, es la tarea más inteligente, productiva y, por sobre, todo es política[12].
[1] Escrito por José Inostroza Lara, Abogado, en el contexto de un curso con Carlos Vignolo y Humberto Maturana en el año 2000
[2] Luhmann (1990) Sociedad y Sistema . La Ambición de una Teoría, Ed. Paidós, Barcelona.p.63
[3] Maturana y Varela (198 ) El Árbol del Conocimiento. Ed. Universitaria, Santiago, p. 117
[4] Maturana y Varela p. 116
[5] En este punto leer también a Marcuse.
[6] Ver Maturana (1993)
[7] Luhmann(1999): “La jerarquización sería, según esto, un caso especial de diferenciación. La jerarquización sería un tipo de autosimplificación de las posibilidades del sistema” (p. 57)
[8] La mejor evidencia en este sentido, para los cristianos, es la “naturaleza trinitaria” de Dios
[9] Ver Informe PNUD 2000 para Chile
[10] Eduardo Valenzuela y Carlos Cousiño, “Sociabilidad y Asociatividad”, en Revista de Estudios Públicos, Verano de 2000
[11] Paradojalmente, esto no sólo no se mide como un costo sino que cada vez que se compran medicamentos para la depresión o aumentan las consulta psiquiátricas, estas transacciones hacen aumentar suma final PIB y no hacen una “país más desarrollado”
[12] Ver el documental para televisión ¨la corporación


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